EX - PACIENTES.
Y AQUÍ ESTOY…
ANA MARÍA ARAMAYO
¡ Hace
un poco más diez y siete años me diagnosticaron leucemia! El día
en que aquello sucedió creo que fue el peor de mi vida… “Un
tratamiento muy duro y como unos dos años de vida” se me
dijo que constituía mi futuro. En esta circunstancia primero transcurrieron
varios años, por lo menos cuatro, de visitas constantes a médicos,
de quimioterapias, de exámenes de sangre frecuentes… de
una vida de permanente zozobra. Luego pasaron otros tantos dedicados
al transplante, a la curación.
Les
hago un pequeño relato… Una tarde de aquéllas me tocaba
ir al laboratorio a recoger el resultado de mi último análisis
de sangre, un tipo de actividad que se había convertido en parte
de mi cotidianidad. Ese día en particular iba confiada en que
los resultados serían los habituales. Cuán ajena estaba al hecho
de que había dejado de estar en remisión y que el proceso leucémico
estaba otra vez activo en mí… “ La única opción es
un transplante de médula ósea,” recuerdo con claridad como
me lo planteó el médico. Me dijo también que él no lo podía realizar
y sabía que el Dr. Roberto Ovilla estaba dedicado a tal práctica.
Parece fácil decidir entre vivir o morir, pero no lo es. Tardé un
año en tomar la decisión. Aunque el razonamiento era sencillo: “si
no hago nada igual voy a morir y pronto, por lo menos con el transplante
tengo una opción de vida.”
Insisto
en que no me fue fácil llegar a una resolución final. Lo que creo
me ayudó fue que de pronto vi que las piezas del rompecabezas
que, para entonces era mi vida, empezaban a unirse de manera armónica:
de mis cuatro hermanos, tres eran compatibles; uno de ellos, Pepe,
el único que vivía en México, era casi al 100%; en el Seguro Social
se daban las condiciones para el proceso; el Dr. Ovilla me lo
recomendaba; mi oficina me daba el permiso necesario y lo más
importante, contaba con el apoyo incondicional de mi familia,
Gregorio mi marido, Andrés y Pilar mis hijos, mis padres y hermanos –casi
todos fuera de México – estaban conmigo, decididos a todo.
Fue así como el 27 de enero de 1992 me hicieron el transplante.
A las 9 de la mañana el Dr. Ovilla entró a mi habitación en el
Hospital de la Raza, con una bolsita, parecía como sangre más
espesa y medio amarillenta. “Aquí está su vida, Ana Maria,” me
dijo. “Acabamos de extraer toda esta médula de su hermano,
ahora se la ponemos y su vida será otra.” Estelita, la enfermera,
acomodó la bolsita aquélla para que la médula pasara por el catéter
que me habían insertado unos días antes… y la médula de
Pepe empezó a entrar en mi cuerpo. Médicos, enfermeras, nutriólogos,
psicólogos me miraban y me decían que les avisara apenas sintiera
algo diferente… ¿Se siente bien?, ¿No le pasa nada?, ¿Cómo
está? eran entre otras las preguntas que me hacían… La verdad
yo no sentía nada más que un profundo deseo de vivir. Como tres
días después, durante su visita matutina, el Dr. Ovilla me dijo
y lo recuerdo como si fuera ayer: “Una golondrina no hace
verano, pero en su recuento globular vimos dos glóbulos blancos,
me parece que su médula comenzó a funcionar.” Desde ese
día han transcurrido trece años y algo más. Al principio sentí haber
salido triunfante del transplante; con el paso de los años creo
que salí además fortalecida con una muy fuerte enseñanza de vida.
Todo esto todavía me conmociona –creo que nunca dejará de
hacerlo – porque se trata de volver a nacer. Pero más que
eso, es un renacer a ver la vida de manera distinta. Ojala todos
pudiéramos llegar a ello sin tener que pasar por dolores profundos.
Siempre
sostengo que mi vida después del transplante está llena de muchos “puedes”:
pude ver a mis hijos formarse y convertirse los dos en los seres
humanos independientes, productivos y con valores; pude terminar
mis estudios (logré una Maestría) y volver a mi vida laboral;
pude seguir mi vida de pareja con Gregorio, mi increíble compañero;
pude conocer a Cristina, mi primera nieta; pude pues, valorar
la vida en todas sus dimensiones. Sostengo también que tengo mucho
que agradecer y ¡a muchos! Hacer esto me es complejo porque de
diferentes maneras todos hicieron que mi transplante y mi vida
después del mismo fueran exitosos. Creo que no me es posible decir
a quien agradezco más, es que todos jugaron un papel especial,
cada uno fue una pieza del rompecabezas y hubiera bastado que
una de ellas no existiese para que aquél no se pudiera armar.
Aquí los dejo… de alguna manera he dejado algunas de mis memorias atrás,
en el rincón de los recuerdos poco gratos; otras están y estarán presentes
siempre… ¡Para mí, lo esencial es que aquí estoy. D. Samuel Castillo Duarte
¡HOLA! AQUÍ ESTOY!… D. Samuel Castillo
Duarte, tengo 41 de edad soy Mayor Ingeniero Industrial, retirado
del ejercito mexicano. Cuento con una Maestría en Administración
Pública. Mi familia son mi esposa, mis hijos e hijas, mi
madre, Gregorio (mi hermano y gran salvador), y mi amigo Leandro
(también mi hermano)... y demás hermanos y hermanas.
Además cuento con grandes amistades: el Dr. Ovilla, la Dra.
Clara, Marco Polo, Leticia, Ariel, Armando, Beatriz y muchos
mas.
Hace mas de cinco años fui trasplantado de Médula Ósea,
por el ángel impasible doctor Roberto Ovilla Martínez, mi diagnostico
era el de Leucemia Mieloide Crónica, mi pronostico era adverso, pero
con determinación, la entrega de mi hermano Gregorio, la tozudez del
Doctor Ovilla, la permanente presencia a mi lado de Felisa, de mi familia
en general
y de todos mis amigos, ahora he salido adelante y me encuentro de pie con
la energía necesaria para seguir luchando con certidumbre; dando todo
mi amor a mis seres queridos, preparándome para ser cada vez mejor.
Volví a
ser un niño y también un adulto, descubro y disfruto todos
los momentos de felicidad que llegan a mi vida y aquí estoy para servir
siempre a Dios y a mis semejantes.
EL DIAGNOSTICO:
Todo marchaba bien, me acababan de nombrar Director
del Área de Autotrónica
y Laboratorio Diesel, además iniciaba la preparación para
promoverme al grado de Teniente Coronel para el cual anhelaba era ser
el "primer
lugar".
Mientras me preparaba físicamente sentí que algo no andaba
bien. En otros tiempos podía correr sin descanso en las subidas
y no me fatigaba, pero ahora tenia que detenerme porque me hacia falta
el aire, aun así seguí preparándome.
A principios
de 1998, sentí una gran fatiga, el medico de la enfermería
militar comenzó a tratarme por amibiasis, sin embargo me sentía
cada vez peor. En estas condiciones fui a Puebla a efectuar unas reparaciones
a los vehículos blindados. Durante el viaje tuve una gastritis
terrible y continuaba sintiéndome muy débil, aun habiendo
comido caldo de gallina en el mercado. Era tal el dolor de estomago
que decidí ya no
tomarme el Metronidazol y fui al Hospital Regional Militar.
Después
de ser revisado por un Médico Militar, este decidió internarme
y me indico una biometría hemática, al día siguiente
por la mañana notaba mucho nerviosismo en las enfermeras que
me atendían
y mas aun cuando les preguntaba que era lo que me habían encontrado,
posteriormente entro el director del hospital y de manera interrogativa
inquirió que "si
sabia lo que tenia…" y se fue sin decirme que…
Solo….
En mi cama repase toda mi vida andada y entre en una serie de reflexiones
tratando de serendipiar que era lo que tenia, de estas reflexiones
concluí que
no era posible que yo tuviera SIDA porque mi vida nunca ha sido
promiscua, y que lo único posible que yo tuviera era cáncer
y precisamente en la sangre porque fue en donde me habían
hecho estudios. Y esto... Se llamaba leucemia. Y ¡lo acepte!.
Después
del medio día regresó el director del hospital,
acompañado por una doctora especialista en medicina interna,
quien me reviso y al comprobar que mi bazo estaba muy crecido,
consecuentemente con la
gran cantidad de glóbulos blancos que habían encontrado
en la biometría
hemática, me diagnostico con la enfermedad de Leucemia
Mieloide Crónica,
indicándome que era necesario trasladarme al Hospital
Central Militar para completar el diagnostico mediante un aspirado
de Médula Ósea,
e iniciar el tratamiento necesario.
EL TRATAMIENTO:
Mi mujer y mis hijos estaban de vacaciones
en el rancho, y tras enterarse de que estaba encamado en
el Hospital Regional
Militar,
Felisa mi
mujer junto con
mi mama y mi hermano, fueron a verme a Puebla y juntos nos
trasladamos al Hospital Central Militar.
Una vez en ahí,
al recibir la visita del Hematólogo el doctor Victor
Salinas me dijo que "porque me andaba enfermando de
lo que no me tocaba" fue
al el a quien le dije que ya sabia que estaba en alto riesgo
de morir, y que solo le pedía que me pusiera en
condiciones de poder salir para realizar mi testamento.
El doctor me
contesto…"no te apresures Samuel vas a
tener tiempo de realizar muchas cosas, te vas a poner bien
, te vas aliviar, porque te vamos a hacer un trasplante
de Médula Ósea…"
Después
del aspirado de Médula Ósea me iniciaron
el tratamiento a base de Hidroxiurea, con lo que empecé a
sentirme cada vez mejor, Nunca olvidaré el gran
detalle de ver a mi anterior jefe el Coronel Adolfo Mendoza
y en grupos numerosos a la gran mayoría de mis
colaboradores y subordinados del Centro de Mantenimiento
Blindado, que
es el lugar donde yo me había
desempeñado como subjefe.
Estuve quince días
en cama en el hospital, con el tratamiento de Hidroxiurea
posteriormente seguí con el mismo tratamiento
de manera externa completándose
con ampolletas de Intergferon hasta unos días
antes del transplante. Durante mi manejo como paciente
externo, se inicio el protocolo para que me hicieran
el trasplante de Médula Ósea, inicialmente
a siete de mis hermanos les efectuaron estudios de
Serologia para descartar los que tuviesen algún
problema con su salud. De mis hermanos revisados, seleccionaron
a Gregorio, Leandro, Natalia y Ana Maria y nos mandaron
con una química al centro hospitalario
del estado mayor presidencial. Ya ahí, nos tomaron
muestras de sangre y posteriormente me indicaron que
mi hermano Leandro tenia el perfil para tipificarlo
y previos los tramites requeridos en el hospital central
militar, que fue quien pago la tipificación
de mi hermano Leandro, nos mandaron con el químico
Camarena al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias,
aquí nos
tomaron mas de diez tubos de ensayo de sangre a cada
uno y quedaron en entregarnos los resultados en un
mes.
Paralelamente con el protocolo que me llevaban
en el hospital central militar, realice una investigación
de los hospitales y doctores que hacían
transplantes de este tipo, así como los resultados
obtenidos en los transplantes realizados en el Hospital
Militar.
En una ocasión que estaba viendo la
televisión sacaron alguna información
respecto a los trasplantes de Médula Ósea
que se efectuaban en el Centro Médico la Raza,
por lo que acudí a la sección
de infectología de dicho hospital y me entreviste
con el Doctor Robledo, y fue el quién me dio
las referencias de mi admirable Doctor Roberto Ovilla
Martínez.
Durante la primer consulta, le mostré al
Doctor Ovilla los estudios que me habían realizado
y convino que me haría otro aspirado de Médula Ósea
para estar seguro de la enfermedad que estaba enfrentando.
Una
vez confirmado el diagnostico, el doctor Ovilla tras
hacer algunos ajustes en el tratamiento que tenia
indicado
por el
hematólogo, también
me indico que la única opción de curación
era el efectuarme un trasplante de Médula Ósea
y fue cuando le dije que ya me estaban manejando en
el Hospital Central Militar, que incluso el químico
Camarena ya estaba tipificando a uno de mis hermanos.
Después
de preguntar al doctor Ovilla si el me podía
hacer el trasplante, me dijo que si lo haría,
solo que la tipificación de mis donadores
debían hacerse con la doctora Clara Gorodezky
del Departamento de Inmunogenética
del INDRE. Lleve a mis hermanos con la doctora y con
excepción de mi hermano
Gregorio, nos tomaron muestras de sangre para efectuar
la tipificación.
Acudí con el químico
Camarena a recoger los resultados, y en estos se concluía
que mi hermano Leandro y yo teníamos el mismo
genotipo HLA y que éramos 100 % compatibles,
o sea que ya había un donador
sumamente potencial. Con los resultados obtenidos,
me entreviste con Leandro y me hizo manifiesta su firme
determinación de donarme Médula Ósea
para que salvara mi vida,con los resultados de compatibilidad,
mi hermano Leandro que se encontraba destacado en la
zona militar de La Paz, Baja California, tramito
su cambio a la plaza de México para estar en
condiciones de donarme cuando se efectuara el trasplante.
Cuando llego a México fue asignado al estado
mayor de la secretaria de la defensa nacional, a mi
me habían designado
jefe de la unidad de aseguramiento de calidad de la
industria militar, y por la cercanía de nuestros
trabajos, Leandro me empezó a
motivar para! acudir al deportivo de la Sedena a realizar
ejercicio.
Todos los días por la tarde rigurosamente
nos encontrábamos en
el deportivo y retome cada vez con mas intensidad mis
rutinas de ejercicios; carrera, aeróbicos, pesas,
box, basquet ball, natación, gimnasia,
concluyamos en el vapor y de ahí a comer alimentos
nutritivos.
Con los resultados del químico me
presente en el INDRE con la Dra. Gorodezky y solicite
los resultados de la tipificación que había
realizado a mis hermanos y al compararlos pude ver
que en la relación con Leandro
eran distintos y de acuerdo con los nuevos resultados
Leandro era completamente incompatible conmigo. Al
ver los resultados del químico Camarena, la
Dra. Clara pidió tomar nuevas muestras mías
y de Leandro para confirmar las diferencias.
Al comprobar
que efectivamente existía la incompatibilidad
evidente entre Leandro y yo pidió trajera a
otros de mis hermanos y tomo nuevas muestras de mis
hermanos Gregorio, Herlinda
y Natalia; resultando compatible al 100%
con mi hermano Gregorio.
Con estos nuevos resultados
acudí con Gregorio para pedirle que compartiera
su vida conmigo y este me dijo: "que no le importaba
que viviera menos con tal de que yo viviera mas".
Ante
este panorama y con la investigación que había
hecho, cuyos resultados eran poco alentadores, tome
la determinación de no operarme
en el Hospital Militar y de buscar los recursos y medios
necesarios para que me efectuara el transplante, el
Doctor Roberto Ovilla. Reafirmé esta convicción
con la información que me dio el Dr. Aramayo
acerca de que su esposa Ana María quién
llevaba 6 años de haber
sido transplantada por el Dr. Ovilla y que ahora llevaba
una vida normal. |